Tu luz, te hizo ver la Luz

Año de la vidaconsagradaEste es un Canto y una llamada exigente a la Vida Religiosa, con ocasión del día de Candelas, fin del Año 2015, Dedicado a la Vida Consagrada.

En este hermoso TERE MORAN-SU PASCUA2contexto estamos celebrando, las Misioneras Eucarísticas de María Inmaculada, la Pascua definitiva de una gran religiosa y una gran hermana: María Teresa Morán García y que en vida coincidía con este nuevo paradigma de Vida Religiosa, así como lo plantea y  resalta Xabier Pikaza, teólogo religioso, con ocasión de la clausura del “Año de la Vida Consagrada”.

TERE: ¡Descanza en esa Paz, en esa Libertad y en ese Amor que sólo Dios ofrece desde su Hijo Jesús, tu Amado a quien seguiste como Mujer Discípula y Misionera MEMI!

INTRODUCCION

Concibo así la Vida Religiosa como un testimonio profético de libertad y de misión, de comunión y compromiso social dentro de la Iglesia, 

Se ha venido diciendo que el siglo XXI será místico o no será. Pensamos que esa frase debe re-interpretarse desde Mc 12, 28-34, donde Jesús presenta los dos mandamientos o principio de la vida mesiánica: Amar a Dios y amar al prójimo. En esa línea digo que el siglo XXI será místico o no será, para añadir y será comunitario o no será.

Es importante la mística, es decir, “amar a Dios con toda el alma”, pero tan importe es, como dice Jesús, “amar al prójimo como a ti mismo”. Más aún, en esa línea hay que añadir que lo más importante en sentido concreto es el amor mutuo, la experiencia y camino de una vida compartida, que es signo de Dios y garantía de futuro humano.

O dialogamos en tolerancia y amor, conocimiento y gozo mutuo, o la historia humana acabará destruida por la opresión de algunos y la lucha infinita de todos. En ese camino y proyecto de diálogo comunitario, que responde a lo que Pablo VI y Juan Pablo II llamaron civilización del amor y que Benedicto XVI destacó su encíclica Dios es amor, y Francisco ha puesto de relieve en todos sus escritos y declaraciones, queremos situar esta palabra sobre la vida Religiosa en estos primeros años del Tercer Milenio.

Ahora, entrado ya el tercer milenio, queremos dar gracias a Dios por la riqueza de la vida religiosa en nuestros diversos pueblos y lugares.

Creadores de vida religiosa fueron algunos de los santos más significativos de nuestra historia, desde San Fructuoso hasta Santa Joaquina de Vedruna, pasando por Santo Domingo de Guzmán y San Ignacio, Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Religiosos fueron también muchos de los grandes artistas de nuestra tierra: pintores de los Beatos, arquitectos de los bellos monasterios, poetas como Gonzalo de Berceo y Fray Luis de León, literatos como Tirso de Molina y Baltasar Gracián, pensadores y teólogos como Francisco de Vitoria, el P. Suárez y B. Feijóo.

Pues bien, a punto de terminar este milenio, después de haber agradecido a Dios por la rica historia de la VR en nuestras tierras, queremos abrir nuestra mirada hacia el futuro, para ofrecer una palabra de discernimiento y esperanza, de alegría y exigencia creadora. Podrán cambiar y cambiarán muchas cosas, pero la vida religiosa seguirá ofreciendo riqueza humana y diálogo creador para el futuro.

Sabemos que el evangelio es la Verdad suprema de Dios, pero ella no se expresa en unas normas desligadas de la vida, sino el mismo diálogo vital de los creyentes. Como humildes portadores de esa Verdad mesiánica, los cristianos, y de un modo especial los religiosos, no podemos imponer nuestras ideas o estructuras, sino ponernos al servicio del diálogo universal, para que todos (individuos y pueblos) lleguemos a vivir en libertad, cultivando así nuestros amores y valores. Por eso, debemos superar toda actitud dominadora o proselitista. No intentamos convertir a los demás, sino acompañarles a crecer en humanidad, a fin de que cada uno pueda asumir y recorrer el libertad su propio camino.

El mundo está lleno de fáciles propagandistas y adoctrinadores, que se empeñan en decir a los demás lo que son y lo que han de hacer, empleando incluso la fuerza para ello. En contra de eso, los verdaderos religiosos-religiosas saben que no importa vencer sino respetar e iluminar a los demás; no se trata de cambiarlos, sino de amarlos como son. El posible cambio vendrá por sí mismo, como añadidura, como don que brota de la misma experiencia del evangelio.

Evangelio y votos. Obediencia

Esta experiencia de diálogo que los religiosos queremos expandir sólo es posible si vivimos en actitud de diálogo interno, en fraternidad y sororidad gozosa, centrada en Jesús. Para realizar mejor sus tareas apostólicas y sociales, en la VR  debe destacarse el aspecto más carismático: la libertad de cada religioso-religiosa, la comunión gozosa de amor entre todos. Más que el triunfo externo de ciertas obras eclesiales y apostólicas, educativas, sanitarias o sociales, importa la vida fraterna y sororal, liberada, y el testimonio de amor de religiosos y religiosas.

Ha sido y es bueno liberar a los cautivos, curar, enseñar y acompañar a los más pobres, pero debemos hacerlo desde nuestra propia experiencia de fraternidad y sororidad evangélica, vivida en comunidad. Por eso, la primera misión del religioso-religiosa consiste en ofrecer con su amor el testimonio del Reino de Dios y su bienaventuranza sobre el mundo. Antes que definirnos por las cosas que hacemos, debemos distinguirnos por nuestra propia vida de cristianos y cristianas gozosos, que se saben amados-amadas por Dios y se vinculan en comunidades fraternas-sororales. Más que decir lo que hacemos, debemos mostrar lo que somos, mostrándonos sin miedo, en transparencia humana y cristiana.

Pensamos que la VR es una comunión de amor mutuo, vivido desde Cristo como gracia de Dios. Por eso, su actitud primera es la obediencia de amor, es decir, la capacidad de escucha mutua y diálogo entre todos los hermanos, en un mundo necesitado de diálogo amistoso. Entendida así, como experiencia dialogal, la obediencia constituye la esencia de la vida religiosa, porque el ser humano sólo tiene una tarea, así en la tierra como en el cielo: amar en abundancia.


Signo de amor. Castidad religiosa.

Necesitamos los religiosos y religiosas centrarnos en aquello que es más específico de nuestra vocación: ofrecer el testimonio del amor gratuito de Dios en Cristo, contemplando y gozando en hondura el misterio de la vida, pues, como dice San Juan de la Cruz: “ya no guardo ganado, que ya sólo en amar es mi ejercicio”. Este es un amor que podemos gozar y debemos ofrecer a los nuevos oprimidos de esta sociedad opulenta, anímicamente desfondados, espiritualmente vacíos, humanamente solos. Más aún, descubrimos con tristeza que esta sociedad de opulencia está engendrando nuevas y más duras bolsas de pobreza: aumentan los solitarios, se endurecen las condiciones de marginación social, crece la violencia, se difunde la opresión y ensayan nuevas formas de represión y cárcel. Nuestra sociedad parece enferme y no encontramos la manera de sanarla.

Nosotros, religiosos, no tenemos ninguna receta mágica para solucionar los problemas, pero pensamos que nuestra misma vida ofrece un camino de respuesta.Por una parte, queremos ofrecer el testimonio de nuestro amor gratuito, sin más interés ni finalidad que la contemplación y despliegue de ese amor, sobre todo en las comunidades e institutos de tipo más contemplativo. Por otra parte, queremos introducir nuestra vida y testimonio en los nuevos lugares de opresión social y carencia afectiva, para ofrecer allí nuestra palabra, más humana que técnica, más testimonial que organizativa.

Desde ese fondo recordamos que el centro del voto de castidad consiste en la gracia y compromiso de amarnos en comunión gozosa, abierta hacia los más necesitados del entorno. Importa en la vida religiosa el despliegue maduro y gozoso del amor, tanto al interior como al exterior de la comunidad. El religioso-religiosa es un iluminado-iluminada: alguien que se sabe acogido, desde el don de Dios, por pura gracia, y se siente capaz expresar y culminar su vida en amor, de forma coherente, en relaciones de fraternidad comunitaria y caritativa.

No se trata de vigilar, sino de cultivar la castidad, en forma gozosa, libre, compartida. Por eso, el diálogo afectivo con hermanos y amigos no es un añadido, sino esencia de la Vd. Esta es su prueba, este su signo: que un grupo de hermanos pueda cultivar en libertad duradera el gozo del amor mutuo, para abrirse en amor hacia el entorno. Jesús no pide renuncia, sino fuerte amor humano, que evidentemente implicará renuncias, pero que se expresa sobre todo suscitando espacios y caminos de gozo compartido. Por eso, una castidad que se vigila no es cristiana; pero una castidad que no se cultiva en amor comunitario, ni se abre en solidaridad, no es ni humana.

La castidad no sirve para otra cosa, pero puede convertirse en espacio apropiado para cultivar la contemplación, para expresar el amor en gratuidad, en los lugares de nueva marginación, como hizo Jesús al ofrecer su palabra y cercanía humana a los leprosos y prostitutas, a los enfermos e impuros de su tiempo. Ella puede presentarse como expresión de libertad para el amor. Pero, en sí misma, la castidad no está al servicio de otra cosa, sino que ella misma valiosa, en cuanto forma de amor comunitario y caritativo.

Pobreza e instituciones.

Sabemos que VR ha nacido y crecido como protesta de libertad. Sin duda, ella no tiene el monopolio de Jesús y su evangelio, pero quiere expresar algunos de sus rasgos más significativos: el seguimiento fuerte, la libertad personal, la gratuidad básica, la vinculación comunitaria… Para ello debe crear y ha creado, a lo largo de siglos, instituciones adecuadas, que son formas de expresar y organizar el amor, dentro de una iglesia también organizada a lo largo de los siglos.

Ciertamente, el religioso no rechaza por principio el valor de los bienes, pues sabe que Dios los ha creado y son positivos, puestos al servicio del Amor. Pero sabe también que ellos pueden volverse peligrosos, si encierran al humano en su deseo, sobre todo en un tiempo consumista como este, donde importa el tener por tener, el vivir por conseguir mayores bienes. Por eso quiere liberarse de la obsesión de tener y consumir, pues busca sobre todo la libertad personal y la solidaridad activa con los necesitados.

En principio, la VR no ha buscado dinero, ni seguridad económica; por eso, han sido y son muchos los religiosos que viven en las zonas marginales de la sociedad, en gesto de encarnación y entrega personal de vida… Pero la misma exigencia de ayudar a los demás ha hecho que la VR se haya convertido una en de las instituciones más reglamentadas y ricas de la sociedad cristiana Individualmente, los religiosos han vivido en pobreza, como institución han sido muchas veces ricos. En ese contexto se inscribe la opción por la pobreza.

Posiblemente, nos esperan tiempos de crisis…, mejor dicho: estamos en un tiempo de crisis intensa.

— Algunos cristianos religiosos dejarán la estructura más oficial de la iglesia, como hicieron los monjes antiguos de Egipto, en gesto de protesta contracultural. No buscarán la desobediencia activa, sino la creatividad carismática, que le haga capaces de re-descubrir el evangelio y recrear la VR. De esta manera, volviendo a las fuentes de la vida de Jesús, intentarán convivir de nuevo con los pobres, dialogando con los expulsados de la sociedad, abriendo y compartiendo espacios de convivencia humana para y con los últimos del mundo. Evidentemente, ellos deben plantear y resolver de nuevo los grandes temas cristianos de la oración y convivencia, de la unidad y pluralidad de las comunidades, retomando las tradiciones carismáticas de la vida religiosa.

 Los religiosos, reunidos en nombre de Jesús, deberán buscar y crear nuevas formas de convivencia y acción cristiana, en línea de diálogo más hondo con las necesidades reales de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Para ello, deberán integrarse formando nuevos monasterios y/o congregaciones de vida intensa, al servicio del evangelio, el medio del mundo.

Conclusión

No resulta fácil trazar este camino de recreación comunitaria y caritativa de la VR, aunque existen ya valiosas experiencias, que deberán mostrar su hondura capacidad evangélica. No tenemos soluciones, pero hemos sabido plantear mejor los temas y así queremos ofrecerlos, en forma paradójica, en la conclusión de este mensaje.

1. Por un lado, nos hemos vuelto muy sensibles a los valores de la libertad personal, de la autonomía cristiana. Por otro sabemos que el evangelio es comunión de amor y sabemos también que sólo creando formas de comunión de vida, abierta hacia los pobres, tiene sentido y futuro la vida religiosa. Ambos elementos, libertad y comunidad, deben resaltarse al mismo tiempo.

2. Por un lado, sabemos que resulta absolutamente necesario el gesto de desprendimiento activo de los religiosos, que se encarnan por amor en el margen de nuestra sociedad opulenta, en gesto de suma pobreza. Pero, al mismo tiempo, sabemos que resultan necesarias las estructuras e instituciones al servicio de ese amor y que hace falta bastante dinero y buena organización para dirigirlas. Ambos elementos, pobreza y estructura económica, deben destacarse y crecer al mismo tiempo.

3. Por un lado tendemos a vivir de una manera secular, sin hábitos ni signos de sacralidad externa, compartiendo vida y pensamiento con los hombres y mujeres de este tiempo. Pero, al mismo tiempo, sabemos que la VR carece de sentido si no encuentra y cultiva unos signos humanos de misterio, vinculados a la contemplación o encuentro con Jesús, en forma personal y comunitaria. Por eso, secularidad y contemplación deben crecer al mismo tiempo.

Gracias a Dios, no tenemos soluciones hechas. Por eso no queremos ofrecer una palabra de enseñanza y magisterio. Pero tenemos algo más importante: una larga historia de fidelidad a Jesús, una experiencia de búsqueda compartida, un deseo fuerte de renovación para el futuro. Por eso, podemos ofrecer a la Iglesia y a la sociedad humana nuestro buen deseo y nuestro compromiso al servicio de una nueva humanidad, en línea de evangelio.

No nos interesa el triunfo de la VR en cuanto tal, no queremos ser el centro de la iglesia o de la nueva sociedad humana. Pero queremos y podemos ofrecer nuestro mensaje de gozosa esperanza, entrado ya el Tercer Milenio. Damos gracias a Dios por lo que somos. Le pedimos su asistencia y gracia para que podamos ser lo que Él quiere, según el evangelio.

SÍNTESIS TOMADA DE XABIER PIKAZA

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