Raquel Saravia, profeta de la liberación

Raquel nació en la Ciudad de Guatemala en 1942. Se graduó como maestra de educación primaria, estudió el profesorado en ciencias sociales y obtuvo la licenciatura en historia en la Universidad Nacional de San Carlos.
Es una mujer abierta a la acción del Espíritu. Llegó el día en que decidió “seguir a Jesús en radicalidad”. Entró en la Congregación de la Sagrada Familia de Helmet. Inició su misión dando clases en el colegio Belga-Guatemalteco de la Congregación, en la Ciudad de Guatemala, transmitiendo su entusiasmo a las alumnas.

La educación fue para ella una vocación que la hizo vibrar durante toda su vida. Las alumnas pertenecían a la clase media alta. Vivían en un ambiente acomodado, mientras en el campo y en los más alejados pueblos y aldeas la gente se encontraba en una situación de extrema pobreza y abandono.

Raquel confiesa que “un día me topé con Jesús en los pobres de mi pueblo”. Aquella llamada de Dios a Moisés “He visto la opresión de mi puebloRaque Saravia en Egipto… Ve, pues, y libera a mi pueblo” no la dejaba tranquila. Raquel detecta la presencia de Dios entre los más pobres y excluidos de la sociedad y en las luchas reivindicativas de los campesinos, indígenas, mujeres…
En un discernimiento de fe, Raquel, junto con su comunidad, opta por iniciar la conocida “Operación Uspantán”. Veía necesario que las jóvenes entraran en contacto con la realidad de pobreza del campesinado indígena. Aprovechando la presencia de varias hermanas de la Congregación en la misión de Uspantán (Quiché) pidieron alumnas voluntarias para convivir por un tiempo con la gente campesina, dando clases a los niños, organizando talleres con mujeres y, sobre todo, aprendiendo de su experiencia.
Las jóvenes que habían participado en este proyecto regresaban impactadas por la situación de pobreza en que vivía la población indígena, carente de servicios de salud y educación, marginada, excluida, ignorada… Después, compartían con pasión esta experiencia entre sus compañeras de colegio, familiares y amistades. Este encuentro con el campesinado significó para ellas una escuela de formación vital, de manera que algunas de estas jóvenes se involucraron, años más tarde, en organizaciones político-sociales que buscan un cambio en el país. Varias de ellas fueron secuestradas y asesinadas por los escuadrones de la muerte.

La violencia se agudizó en Guatemala. Cada día caían, por la represión del ejército, catequistas, mujeres, jóvenes, sacerdotes, gente comprometida por la justicia. En ese tiempo Raquel era vicepresidenta de CONFREGUA y, junto con su equipo, emitió un comunicado denunciando esta situación de pecado.
Como consecuencia, ella y el equipo directivo fueron señalados como subversivos, comunistas, guerrilleros. El exilio fue la consecuencia de esa opción por las personas pobres. Su congregación propuso a Raquel estudiar teología en Roma. Al igual que Moisés, el dolor de su pueblo lo llevaba como herida sangrante en su corazón, sobre todo el asesinato de varias ex-alumnas, de amigos religiosos y la larga lista de mártires que seguían dando su vida, desde la fe, por otra Guatemala distinta.
Raquel Saravia Terminados los estudios de teología regresó a México, pues no podía entrar en Guatemala. Ahí tomó contacto con los obispos Samuel Ruiz, de San Cristóbal de las Casas (Chiapas) y Sergio Méndez Arceo, de Cuernavaca y con ellos organizó la Secretaría de Refugiados guatemaltecos, que en ese momento ya sobrepasaban los 50.000 en los campamentos de Chiapas. Participó junto con estos obispos y con Pedro Casaldáliga en la creación del Secretariado Internacional de Solidaridad “Monseñor Romero”.
Siempre tan activa y motivada por su amor a Cristo presente en las personas crucificadas de la tierra, animó la solidaridad con los refugiados. Raquel expresó que “la solidaridad se hizo ternura en el corazón de los mexicanos”. En sus viajes a los campamentos compartía cursos de catequesis y charlas de análisis de coyuntura, pero como bien dice ella: “Siempre era yo la que regresaba llena de Dios por el testimonio que nos daban de perdón y esperanza, a pesar de los horrores que habían vivido y la pérdida de familiares. La lucha por la vida, su resistencia en medio de las penas y la lucha por su liberación, surgían de una fe profunda en el Dios de los pobres”.
Raque Saravia2 Después de diez años de exilio, regresó a Guatemala. Creyó que le esperaban años de descanso y quietud, pero dice ella que Dios le pedía que diera más. “Quería que transmitiera mi experiencia a la vida religiosa”. Fue nombrada maestra de novicias, profesora de junioras del Inter-Congregacional, superiora Regional de la Congregación, presidenta de CONFREGUA, en donde configura el equipo de mujeres teólogas. Apoyó, con singular énfasis, la pastoral de la mujer, configurando un equipo de teólogas religiosas y laicas que iluminan esta pastoral mediante encuentros de formación y promoción de actividades con grupos de mujeres en las parroquias. Fue vicepresidenta de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR). En este trabajo fue inyectando el carisma profético y liberador que debe caracterizar a la vida religiosa. Vivió con profundo dolor el martirio del obispo Juan Gerardi, profeta de la Recuperación de la Memoria Histórica, buen pastor que dio la vida por el reconocimiento y dignidad de las víctimas de la guerra. Años después, Raquel recibió el galardón “Orden Monseñor Juan Gerardi a los Derechos Humanos” por parte del arzobispado, por su compromiso con las persona más marginadas.

Participó en la Conferencia del CELAM de Aparecida (Brasil) junto con los obispos. Fue posteriormente copresidenta del SICSAL con monseñor Álvaro Ramazzini. Su compromiso no se limitó al ámbito religioso y eclesial, participó también en la Comisión de Reconciliación por la Paz en Guatemala. Es una mujer que, desde su fe, se ha estado comprometiendo con la justicia y la paz. Ha sabido unir fe y vida, mística y profecía, espiritualidad y compromiso socio-político.
Su experiencia de vida religiosa ha sido una larga experiencia de Dios que la ha conducido por caminos insospechados y la ha proyectado hacia la lucha por la solidaridad, la justicia y la liberación de las personas marginadas, pobres, indígenas, la mujer… Confiesa que “Dios me ha conducido a una pasión profética que brota de la experiencia misma que mira la realidad desde Dios”. Siempre se ha caracterizado por su alegría y jovialidad en el servicio a su pueblo.
Actualmente, Raquel se encuentra bastante enferma, pero no pierde la serenidad, la lucidez y la esperanza. Con motivo del 15º Aniversario del martirio de monseñor Gerardi, varias organizaciones, entre ellas el SICSAL, le concedieron un reconocimiento por el trabajo de tantos años a favor de la liberación integral de su pueblo.
Esta es Raquel Saravia, mujer profeta de Dios al lado de los y las pobres, soñadora y luchadora por otra Guatemala y otra Latinoamérica de justicia y fraternidad.

http://www.alandar.org/spip-alandar/?Raquel-Saravia-profeta-de-la#.VNiJcfmG85w

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