Hoy puede empezar el paraíso

Fiesta Cristo Rey, Lucas 23, 35-43). Termina con esta fiesta el año litúrgico 2013. Los protagonistas de la escena matan a Jesús, pero él responde al “ladrón” que le pide ayuda: ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso!

Cada evangelista ha contado la muerte de Jesús y su promesa de Reino desde perspectivas distinta: Marcos resulta más dramático, Mateo más trágico, Juan más teológico…Pues bien, Lucas ofrece el relato más humano, que comentaré en lo que sigue.

‒ Marcos y Mateo ponen más de relieve el carácter abismal de la muerte del Cristo, que acaba su vida gritando: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?
‒ Lucas y Juan la presenta como catequesis, mostrando que Cristo reina ya desde la Cruz (Juan) o que nos lleva por ella al paraíso, esto es, a la recreación de la humanidad reconciliada.

Aquí quiero presentar y comentar brevemente el relato de Lucas que sitúa ante la cruz a los diversos personajes de la historia, ofreciendo una durísima y clara “radiografía” de la humanidad (de entonces y de hoy), matizando la “culpa” de autoridades/sacerdotes y soldados, de gobernadores y bandidos, todos responsables de asesinato.

En una perspectiva no tenemos salida. Todos los caminos llevan a la muerte, es decir, al asesinato.
Pero entre los asesinos hay un hombre que descubre la verdad y pide “a Jesús: ¡acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Jesús le (nos) responde diciendo: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Hoy puede empezar el paraíso. Buen domingo a todos.

(Lc 23, 35-43). El texto, distinguiendo sus seis elementos:

1. (Autoridades). En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
2. (Soldados). Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.”
3. (Sentencia oficial). Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos.
4 (Un malhechor) Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
5. (Otro malhechor). Pero el otro lo increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues en tu reino.
6. (Paraíso) Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

1. Autoridades: Los sacerdotes, ángeles caídos (violadores) se burlan de Jesús

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

El texto les llama “arkhontes”, es decir, los que tienen la “arkhe” o principado religioso y social, la primacía. Son por el contexto y por su palabra los grandes sacerdotes que han condenado a Jesús, los responsables intelectuales y religiosos de su asesinato.

Conforme a una visión teológica y simbólica normal de aquel momento, ellos aparecen vinculados a los “arkhontes malos”, ángeles perversos, rectores del orden religioso manipulado por el Diablo. Los sacerdotes son delegados y representantes del Diablo, no de Dios, como puso de relieve J. Ratzinger en un trabajo fuerte, titulado: Die Einheit der Nationen, La Unidad de las naciones (que será publicado en la BAC el año 2014, en sus obras completas).

Los (estos) sacerdotes son ángeles perversos, una patología religiosa, dominadores de la religión para su servicio (servicio del Diablo, la opresión de los hombres). Ellos se arrogan la autoridad oficial para decir quién es el Mesías de Dios, el Elegido… y deciden que Jesús no lo es, porque se deja matar en vez de “salvarse” a sí mismo. En el fondo, piensan que el elegido de Dios tiene ser un “egoísta”, alguien que se salva a sí mismo, siendo capaz de matar a los otros para ello: ¡matar a los que le matan y así vengarse!

Son profesionales de la violencia (los que sacrifican…), manipuladores de Dios. Quieren vencer siempre, mantenerse por arriba: su Cristo es el vencedor de Dios y de esa forman quieren vencer ellos. Se creen superiores y, por eso, se ríen de los derrotados y vencidos.

De esa forma, al burlarse de los caídos, muestran su maldad y su miseria. Piden al Cristo que les haga vencer, son funcionarios de la muerte, arkhontes del diablo, perversión suprema de la humanidad. ¡Si es el Mesías que se salve…! ¡Si es el Mesías que triunfe, se imponga, domine…! Para ellos no hay más mesías que el triunfo sobre los demás.

2. Los soldados se burlan también, sólo entienden el lenguaje del poder

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Son “stratiôtai”, estrategas de la violencia oficial del imperio, que quiere dominar sobre la tierra con las armas, los representantes del poder militar que se unen a los “arkhontes” de la religión, pero sólo de un modo parcial… Pero ellos actúan de modo que parece menos perverso, diciendo a Jesús “si eres Rey de los judíos”…

Los arkhontes sacerdotes hablaban en lenguaje más religioso del “Mesías de Dios, del Elegido”. Los stratiotai soldados hablan de un “rey de los judíos”. Ellos están al servicio del César, que es rey de Roma, no aceptan otros reyes, por eso les han encargado que maten a éste y lo hacen… Pero tienen cierta compasión y, en medio de la burla, le ofrecen “vinagre” para calmar su sed (y quizá para adormecerle, aunque no es claro).

Es evidente que los soldados ejercen la violencia… pero es una violencia que no nace de ellos, sino de los arkhontes. Es como si el poder militar estuviera al servicio de la religión, es decir, de una ideología falsa… Ellos son unos pagados: hacen lo que les manda; son unos “mercenarios”, les pagan para matar y de esa forma matan.

Desde ese fondo se puede recuperar la figura del “jefe de soldados” que dirá más tarde, al ver morir a Jesús: ¡En verdad, éste era un justo! (Lc 23, 47).

3. Sentencia oficial: Sólo el César puede ser Rey, no hay lugar para un Rey de los judíos.

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos.

Éste es un dato histórico indudable… Los arkhontes y soldados… pueden burlarse de Jesús, a su manera… Pero hay alguien que ha puesto un letrero…Ese alguien es sin duda el Gobernador Romano, que ha condenado a Jesús porque, de una forma u otra, le ha visto como “Rey de los Judíos”.

Le ha condenado por “política”, porque es contrario al Reino del César. Es posible que hayan intervenido los arkhontes, acusando a Jesús, pero Poncio Pilatos, como jurista romano, no puede poner en la sentencia: ¡Condenado por ser el Mesías de Dios, el Elegido! Nunca Roma hubiera aceptado esa condena, pues Roma no se metía en asuntos de mesianismo religioso… a no que se pudieran traducir en forma política.

Pues bien, este mesianismo de Jesús se traduce en forma política. Jesús aparece ante Pilatos como Rey Judío…, un rey a quien él quizá no entiende, pero que puede acabar trayendo muchos males para su imperio. Estos “males” hay que atajarlos de raíz, y así los ataja Pilatos, condenando al que aparece como Rey de los Judíos, en los tres idiomas del Imperio y del mundo de entonces: Latín, griego y hebreo/arameo. Que todos puedan leer y sepan que Roma va a matar siempre a quien se atreva a llamarse rey (rey de los judíos). No hay más que un rey (Basileus), el emperador romano.

Esta es una sentencia paradójica: Por un lado, es falsa: Jesús no ha querido ser Rey de los Judíos en la forma que pensaba Pilatos. Por otro lado, es verdadera: El Reinado de Jesús, llegando hasta su final, va en contra de la forma de reinado del Cesar, a quien Pilatos sirve.

Éste es el día de Cristo Rey… Un rey que reina dejándose matar, para no matar a otros, un rey que reina abriendo un camino de fidelidad humana que culmina en el paraíso.

4. Ladrón 1º: voz de la violencia: ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

Los “ladrones” que acompañan a Jesús en la muerte eran originalmente “lestai” (Mc 15, 37) es decir “bandidos o terroristas” de corte político, en la línea de los luchadores a favor de la independencia de Israel (celotas). En el contexto en que Lucas escribe, esa palabra no es ya significativa y, por eso, les llama simplemente kak-ourgoi (es decir, hacedores de mal, de algo que es kakos).

Son, según eso (para Lucas), malhechores normales, personas que emplean “medios malos” para sobrevivir, sea robando, sea amenazando, sea oprimiendo a los demás. Estos malhechores no son simples cuatreros, bandoleros o carteristas de tercera fila, sino que pueden ser y son todos los que emplean el mal para imponerse.

Muchos Padres de la Iglesia han propuesto una doctrina fuerte sobre el tema del bandido y el rey:

¿Qué es un bandido? Un pretendiente real que no ha triunfado.
¿Qué es un emperador? Un bandido que ha triunfado

Pues bien, este malhechor pide ayuda a Jesús para seguir haciendo el mal, es decir, para bajar de la cruz, escapar corriendo y tirarse nuevamente al monte (al monte especial de sus maldades). Quiere que Jesús le ayude, porque piensa que en el fondo es de los suyos. Si es como dicen…, como un nuevo Robin Hood de todas las historias, Jesús tendrá que bajar de la cruz y liberar a sus “amigos” bandidos y recrear su banda… y dominar de esa manera el mundo.

Tendríamos así al Jesús rey de bandidos, en la línea de muchas representaciones del Cristo Rey, que más que rey evangélico parece rey político. Cuentan que, al escuchar el evangelio, leyendo este pasaje, un rey famoso bandido, el Beato Carlomagno, gritaba: ¡Soldados francos! ¿Qué habríamos hecho nosotros de haber estado allí? Y todos los francos debían responder a coro: ¡Habríamos bajado a Jesús de la Cruz, para hacerle nuestro rey!

Lo que dice ese relato de Carlomagno es lo que quiere el “mal” kakurgo, para compartir con Jesús el Reino de los Bandidos, para dominar de esa manera la ancha tierra, como había ya intentado el Diablo de Lc 4, cuando prometía hacer rey a Jesús, si le adoraba (si adoraba el poder). Pero Jesús no bajo de la cruz… ni se hubiera dejado bajar por Carlomagno.

5. Ladrón 2º: El cambio es posible. Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino

Pero el otro lo increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues en tu reino.

Éste es el único que, por ahora, acepta la verdad… Y sabemos ya, por Jn 18, 33-37 que “ser rey” es decir la verdad. Éste la dice: reconoce su maldad y le pide al otro malhechor que la reconozca.

Aquí no se dice si este “malhechor” es peor que los arkhontes/sacerdotes, los soldados y Pilatos… (con el ladrón malo). El evangelio no hace comparaciones. Cada uno tendrá que reconocer su “verdad”… Pero implícitamente, el evangelio supone que este “bandido” lleva en sí el mismo pecado que todos los anteriores… Pero lo reconoce y pide la ayuda de Jesús.

Pues bien, este kakourgos reconoce la verdad, y está dispuesto a empezar, con Jesús… “cuando Jesús llegue en su Reino”. Muchas traducciones dicen “cuando estés en tu Reino”…, como si es Reino existiera ya, y fuera un cielo-celeste… y Jesús entrare en ese Reino, que ya existía, fuera de este mundo. Pero en texto dice “cuando llegues en tê basileia sou”, que puede tener varios matices, pero que evoca una “venida” o manifestación de Jesús, en sus “parusía…”.

Este “malhechor” que confiesa su mal… está dispuesto a sumarse al Reino que viene…, al Reino que Jesús ha venido preparando… No quiere bajar de la cruz para seguir haciendo lo que hacía, como el otro mal-hechor, sino sumarse a Jesús, precisamente ahora, cuando le ve en la cruz…

Evidentemente, él tiene que emplear la palabra Reino… y así reconoce a Jesús de verdad como Rey…, como Rey en la cruz, en contra de lo que dicen y piden con burlas o sarcasmo todos los restantes personajes de la escena. No dice si el reino viene antes o después de la muerte… Simplemente confiesa que viene y le pide a Jesús que le tenga en cuenta, nada más (y nada menos).

6. Jesús. Hoy estarás conmigo en el paraíso

Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

Esta respuesta recoge y condensa todo lo anterior. Jesús se presenta de esa forma como “Rey”, con autoridad suprema, sobre la cruz… Pero no tiene autoridad para bajar y matar a sus enemigos, encabezando un reino de bandidos…, como le piden otros (eso no seria autoridad de reino, sino una nueva forma de maldad…). No tiene autoridad para bajar, sino para prometer “hoy” el “paraíso”.

Ésta es una respuesta enigmática y riquísima, que se puede interpretar de muchas maneras. De todas formas, la mayoría de los exegetas la entienden incluso como una declaración de que el cielo (la resurrección: el paraíso) comienza ya en el día de la muerte… Los hombres buenos (los hombres y mujeres de la bondad de Dios) resucitan en el momento de la muerte.

En esa línea quiero dejar mi reflexión abierta: Para el bandido que pide ayuda a Jesús, ese “hoy” es el mismo momento de la muerte como descubrimiento y despliegue de la vida, a favor de los demás… En ese sentido, el pasaje nos pone en la línea de una escatología “de presencia” (no de simple futuro): Eso significa que Jesús resucita “hoy”, en el mismo momento de su entrega y de su muerte (sin esperar un tercer día que vendrá después, sin necesidad de tumba abierta y desaparición del cadáver).

Pero, al mismo tiempo, ese “hoy” es un futuro, pues se añade “estarás”, es un hoy que pasa a través de la muerte, es decir, de la fidelidad en la misma muerte…, de la aceptación del propio destino.

El texto habla de un “paraíso”. Todos (menos los sacerdotes) han hablado hasta ahora de Reino, de un reino más o menos homologable al del César, que es quien manda matar a Jesús (a través de Pilatos). El mismo “bandido” le he dicho: Acuérdate de mí cuando estés en tu “reino”…

Pues bien, este Jesús de Lucas (¡que ha centrado su evangelio en el anuncio del Reino!) habla aquí de Paraíso, retomando así la terminología del principio de la Biblia: de la Buena Tierra de Adán y Eva, en el principio.

El camino de Adán y Eva… y del conjunto de la humanidad ha sido y sigue siendo un camino de destrucción del paraíso, un camino de muerte…En ese camino se siguen situando los que matan a Jesús, con arkhontes, soldados y/malhechores… Pues bien, Jesús invierte ese camino y vuelve a situar a la humanidad en un camino que empieza hoy mismo y que dirige hacia el paraíso.

Ciertamente, ese paraíso puede llamarse “cielo”, pero no es cielo puramente espiritual del “mas allá” (olvidando las cosas bajas de aquí abajo), sino el cielo de la nueva humanidad reconciliada, que empieza precisamente allí donde se asume el camino de Jesús, que lleva externamente a la muerte, pero que de hecho lleva al “paraíso original”, a la nueva humanidad.

Feliz Fiesta de Cristo Rey.

X. Pikaza

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