LA ESCUCHA

 

En este pensar en alto, en este querer fruncir con nuevos hilos, en esta reflexión sin orden ni concierto que agujerea la poquedad de estos apuntes, vuelvo a leer sobrecogida el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social, vaciando en mis ojos las innumerables situaciones de indefensión en las que nos encontramos.

Voces, rostros con nombres y apellidos se cuelan por sus palabras, a través de sus líneas se percibe un grito mesurado e intenso que esboza el trazo curvo de un extraño paisaje, donde la pobreza  imprime a capricho el acento feroz de la injusticia. Sus renglones hablan, nos agitan, «existen necesidades básicas (alimentación, gastos relativos a la vivienda, ropa y calzado…) que no están cubiertas desde nuestro modelo de bienestar». La desprotección entra en las casas, no llama a la puerta ni se sacude el polvo de los zapatos;  irrumpe, invade, desbarata todo, untando de barro los suelos y ensuciando las alfombras. El verbo grave, apenas, consigue conjugar esta nueva arquitectura, cuesta admitir lo evidente. Las personas somos desposeídas de derechos fundamentales, de nuestra dignidad. Los párrafos increpan, las frases calculan estadísticas, la frialdad  de las fórmulas son incapaces de expresar la magnitud de este acontecer que envuelve al mundo con indiferencia y desigualdad.  

Y en medio de tanto desconcierto el informe dice que «la escucha se detecta como la necesidad no económica más extendida». La Escucha, el agua que calma la sed, el preciado ungüento, esencial, necesario, imprescindible.

Agua, es fácil. Abramos los grifos, que caiga de las fuentes, que desborde los riachuelos, que se escurra por los canalones, que ruede por las tuberías, que se filtre por las piedras de las gárgolas, que embeba los secanos. Agua, que llene los aljibes, que suba por los cristales, que consuele, que acaricie.

Escuchar, contemplar al «otro» apartando ruidos y urgencias,  hacer  montones con silencios, establecer espacios, interceptar susurros, ser centinelas, descubrir, aprender, respetar, transformarnos.

 El 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, salimos a las calles para rebelarnos contra una riqueza que empobrece. Ese mismo día, en todas las iglesias, el Evangelio según San Lucas 11,47-54, hablaba claro y alto: «Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto», es incómodo el mensaje, nos advierte. Es apremiante vivir el Evangelio, estar a la escucha y ponernos manos a la obra.

 

MAMEN HERNÁNDEZ COBOS

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: