Navidad: Conciencia de nuestras raíces

 

ENTRE LOS TEXTOS EVANGÉLICOS que se leen en la liturgia de la misa durante el Adviento, poco antes de la Navidad, está la genealogía de Jesús. De los nombres propios mencionados en ese texto, la mayoría no nos dicen ya nada a los cristianos actuales. A muchas personas este tipo de textos les resultan aburridos, tanto al leerlos como al escucharlos. Sin embargo, quien los entienda, adquirirá conocimientos realmente interesantes.

UN NUEVO COMIENZO:  Analizada más de cerca, la genealogía de Jesús está llena de sorpresas. Mateo ha conseguido darle una forma extraordinariamente artística. Detrás de esta serie de nombres asoma la teología utilizada por Mateo para interpretar el nacimiento de Jesús: con la descripción de la genealogía quiere mostramos el significado del ser humano llamado Jesús. La historia de Israel comienza con la promesa hecha por Dios a Abrahán: «Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo» (Gn 12,3). Esta historia se cumple en Jesús. Y en Jesús crea Dios un nuevo comienzo. De la misma manera que al principio creó Dios el cielo y la tierra, en Jesús creó al ser humano que en sí mismo representa el sentido y la meta de la creación. Mientras que en Lucas la genealogía de Jesús arranca del mismo Adán, porque para él Jesús representa la verdadera imagen del ser humano, Mateo la inicia con Abrahán. Para Mateo, Jesús no solo forma parte del pueblo de Israel, sino que es la plenitud de la historia salvífica, que es al mismo tiempo una historia de elección, iniciada por Dios con Abrahán.

TODA LA HUMANIDAD: Desde hace siglos han tratado los exegetas de descifrar el significado exacto de las cuatro mujeres que aparecen mencionadas en la genealogía de Jesús en Mateo. Son Tamar, Rajab, Rut y Betsabé, la mujer de Urías. Tamar era nuera de Judá. Habiéndose sentido injustamente tratada por este, le tendió una trampa: se disfrazó de prostituta y así, de incógnito, tuvo un encuentro sexual con él, a consecuencia del cual quedó embarazada. Rajab era prostituta y ayudó a los israelitas a conquistar la ciudad de Jericó. En la exégesis antigua estas cuatro mujeres eran consideradas pecadoras. En realidad, esta interpretación no parece reflejar la intención del evangelista, sino, en todo caso, los prejuicios de los exegetas. Las cuatro mujeres son extranjeras. Mateo muestra así en la genealogía, ya al comienzo de su Evangelio, que Jesús había aceptado a toda la humanidad y había ofrecido la salvación también a los gentiles. Estas cuatro mujeres nos recuerdan y anuncian la figura de María, la quinta mujer.

AMOR COMO PLENITUD: María encaja tan mal en la genealogía como las cuatro mujeres ya señaladas. En efecto, la genealogía sigue la línea de la descendencia de José, y no la de María. Pero de María se dice que «de ella nació Jesús, llamado el Mesías [es decir, Cristo]» (Mt 1,16). María es la quinta mujer. En ella alcanza la perfección lo que en las otras cuatro aparecía solamente insinuado. Estas mujeres representan otras tantas rupturas en la línea de la descendencia que sigue la genealogía. La inserción del nombre de estas mujeres representa siempre una irregularidad en la sucesión prevista. Se pone así de relieve la acción desconcertante de Dios, que no se ajusta a las escalas o medidas humanas. Además, queda claro que Cristo ha asumido y salvado la historia humana en su totalidad, con sus enormes altibajos, con sus vías rectas y sus rodeos. En María culmina la acción desconcertante de Dios. Aquí, en medio de una historia milenaria de éxitos y fracasos, Dios inaugura un nuevo comienzo. Podemos recurrir de nuevo al simbolismo. María es la quinta mujer. Los cinco libros de Moisés se corresponden con la figura de las cinco mujeres. Cinco es el número de Venus, la diosa del amor. El amor corona la ley. En el camino del desarrollo, cuatro pasos conducen desde el mundo mineral, pasando por el mundo de las plantas y el mundo de los animales, hasta el ser humano. El quinto paso es el salto hacia lo divino. En María, la humanidad salta por encima de sí misma para desembocar en Dios, en el sentido de que Dios mismo se hace hombre en ella.

SÍMBOLO DE TRANSFORMACIÓN: Mateo ha elaborado una genealogía de Jesús de un elevado interés artístico: tres series de catorce generaciones. Tanto el tres como el catorce son números simbólicos. El tres es el número de la perfección. El catorce es el número de la curación y la transformación. Catorce eran los dioses auxiliares en Babilonia. Con su nacimiento, Jesús liberó a la humanidad de sus divisiones y unió de nuevo a los seres humanos entre sí. Y con su venida a este mundo curó y rehabilitó la historia humana, que con demasiada frecuencia había sido una historia de desgracias. Las tres series de catorce generaciones utilizadas para resumir la historia salvífica tienen su punto culminante en David; su punto más bajo corresponde al exilio, y, finalmente, el cumplimiento o plenitud coincide con la venida de Jesucristo. En la persona de Jesucristo se sobrepasan y transforman tanto las cimas como los valles de la historia de Israel.

NUESTRAS PROPIAS RAÍCES: La genealogía de Jesús nos invita a meditar en nuestra propia historia. ¿Qué sé yo de mis antepasados? ¿Han tratado mis padres de poner por escrito una genealogía de mi familia? ¿Hay cortes también en esta historia? O bien contemplo la historia de mi propia vida.

Navidad quiere decir que el nacimiento de Jesús cura y rehabilita mi historia de todas sus heridas. Y todo lo que yo he heredado de mis antepasados en talento y experiencias, en vitalidad personal y en dinamismo de fe, Cristo lo santifica y lo confirma. En este sentido, vivo de mis raíces, que siguen dándome fuerza. Hoy día muchas personas se deprimen, porque sienten que han roto totalmente con sus raíces. Navidad nos invita a reflexionar sobre las propias raíces y a agradecer a Dios el hecho de que, con la encarnación histórica de su Hijo, haya santificado las raíces de todos los seres humanos y las haya fortalecido con la fuerza de su divinidad.

 

Anselm Grün

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