NI ERAN TAN INTIMISTAS Y DEPENDIENTES COMO PARECEN…

“Ni eran tan intimistas y dependientes como parecen ni incultas o pasivas como las describen”.

En plena edad media, un nutrido grupo de mujeres – que ni estaban casadas ni eran monjas- desean entregarse a una acción apostólica en medio del quehacer de cada día, labor fuera de la común en la realidad social y eclesial de aquel tiempo en que las instituciones sociales y eclesiásticas no permitían a la mujer comprometerse con una actividad apostólica directa o de calle. Ellas se atrevieron a reivindicar para la mujer laica la capacidad catequética y apostólica que las estructuras les negaba. Ejercieron una auténtica revolución en el modo de entender el apostolado y la vida misma. Constituyeron un movimiento independiente y emprendedor, destacaron tanto por su amplia cultura como por su labor eminentemente social  y altruista, alcanzando las mas altas cotas de la espiritualidad mística.

Beguinas se las define como “grupo de mujeres medievales que fueron condenadas por herejes…” encasillan en este capítulo de herejía a más de 80 mil mujeres. Este grupo de mujeres lo podemos identificar como el primer movimiento feminista europea que llegó a tener una específica influencia en el desarrollo de la piedad y mística medieval.

En la iglesia de los siglos X al XII,  las mujeres pudieron ejercer todavía algunas funciones quasi clericales: predicando, impartiendo bendiciones, escuchando confesiones de otras monjas e incluso administrando la comunión en sus monasterios.

La opción libre de estas mujeres puede ser comprendida a la luz de un talante de independencia y libertad. Liberación de la rigidez de claustro y de la frialdad de muchos matrimonios “por conveniencia”. Se dieron cuenta de que existía otra alternativa y sin vacilar la siguieron.

“Beguina” es una palabra popular de etimología dudosa y sentido un tanto oscuro tal vez proceda del antiguo alemán Beggan, que significa mendigar, orar. ¿Que quieren ver estas beguinas? Mostrar una mujer buena que lo que quiere lo obtiene de Dios.

Jaques de  Vitry escribe en 1215 ” el fervor de la vida religiosa de estas mujeres, constatando, la estima que eran tenidas por el pueblo aunque en sus adversarios se encontrara el alto clero”. Vivían una vida religiosa fuera de lo normas.

Su estilo de vida la mayoría de ellas vivían en sus casas, procurando reunirse diariamente en una iglesia o capilla para asistir a la celebración de la eucaristía. A pesar de que no contaban con una REGLA de observancia en común ni vivían bajo el mismo techo la gente empezó a reconocerlas como miembros de una peculiar comunidad. Con frecuencia vendían sus propiedades para irse a vivir cerca de otras beguinas, en el entorno de una institución hospitalaria benéfica, no  estaban sometidas a un mismo patrón o modelo a seguir. No estaban sometidas ni a la autoridad de la curia, ni a la de orden religiosa alguna, solamente a la autoridad municipal.

La presencia testimonial de estas mujeres y el número de las mismas es un dato que no pasa desapercibido según Mateo de Paris al expresar “En este tiempo (mediados del siglo XIII) algunas mujeres han adoptado una profesión religiosa, aunque mas mitigada. Se llaman así mismas “religiosas”  y hacen un voto privado de continencia y  simplicidad de vida, si bien no siguen la Regla de ningún santo ni están confinadas en el claustro. Han aumentado tanto en el espacio de un corto tiempo que ya hay 2000 en Colonia y sus alrededores”.

Se convirtieron en centros económicos de gran importancia puesto que la beguinas Vivian de su trabajo. Acordaban no salir del beguinato sin permiso y llevaban una vida sencilla y casta mientras pertenecieran al grupo de la corporación, la pobreza no era vista como un don en sí, y mas bien ponían el acento en el don de la caridad, humidad, la concordia y fraternidad. En los comienzos no llevaban hábito religioso, de modo que en su porte externo no se distinguían de las demás mujeres simplemente por su simplicidad al vestir.  Posteriormente adoptaron vestimenta gris o azul. A partir de los 6 años de vida en comunidad podían vivir solas si lo deseaban.

Decir “beguina” era tanto como decir “mística”, de hecho la mayoría de las santas de los Países Bajos fueron beguinas.

Con el correr de los tiempos al lado de las personas verdaderamente humildes y piadosas que llevaban una vida espiritual se forjaron algunos grupos exaltados que acabaron por enfrentarse abiertamente a la iglesia, momento en que las Beguinas pasan masivamente a ser consideradas como herejes, tal como lo demuestran las Actas de la inquisición y otros documentos historia. En mayo de 1318, 25 Beguinas de Marceya fueron acusadas y 4 de ellas quemadas en la hoguera. En el quinceavo concilio de Viena convocado por el papa Clemente V ante la demanda de los obispos alemanes, se declaró un catalogo de cuáles eran los errores de las beguinas y se expresaba en estos términos:

“Sabemos que ciertas mujeres, comunmente llamadas Beguinas, afectadas por una cierta locura, discuten la Santa Trinidad y Divina Esencia y expresan opiniones en materia de fe y sacramentos contrarias a la fe católica, desviando a mucha gente. Desde el momento en que estas mujeres no prometen obediencia a nadie y no renuncian a sus propiedad ni profesan una regla aprobada, ciertamente no son religiosas aunque lleven un habito… por eso hemos decidido y  decretado con el consentimiento del concilio que su estilo de vida sea totalmente prohibido y quedan todas excomulgadas de la iglesia de Dios.”

La publicación de estas condenas del concilio de Vienne supusieron el detonante de una represión general y excesiva contra el beguinismo, afectando tanto a inocentes como a culpables.

Con Clemente V aumentó la dependencia de las órdenes religiosas femeninas hacia los obispos.

Sin embargo las beguinas consideradas como comunidades laicales significaron un auténtico cambio para los “patrones modelos” de comunidades femeninas de aquella época. No encajaban en la típica clasificación de monjas, madres o esposas. Su originalidad se basó en la habilidad que tuvieron para esquivar los estereotipos tradicionales, descubrir y desarrollar su riquísimo potencial así como formar y  controlar sus propias instituciones, si bien estaba naturalmente condicionadas a la cultura del medio.

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