MIÉRCOLES DE CENIZA

Monición

Monitor(a)

La Cuaresma es tradicionalmente el tiempo de “conversión”, de cambiar el rumbo. Para esto, es necesario, primeramente, darse cuenta en dónde se está; muy difícilmente podremos “cambiar el rumbo” si no sabemos dónde y cómo estamos hoy. Luego, viene el momento de mirar al horizonte para descubrir el hacia donde se quiere llegar, y el tercer momento es encaminar los pasos para alcanzar la meta.

Pero a veces la cosa no es tan sencilla. Quizá podamos darnos cuenta en dónde estamos, es posible que haya voces que nos gritan que estamos en tal o cual lugar, a lo mejor se trata de anuncios, de propaganda, que nos dicen: “estamos aquí”.

A veces, el lugar a donde queremos llegar puede no verse a lo lejos, no se ve a simple vista y toca caminar “sin otra luz ni guía, sino la que en el corazón ardía” como dice Juan de la Cruz.

El camino hacia un mundo más humano no se ve con claridad; contamos sólo con las pistas que nos dan algunos que se han atrevido a caminar hacia allá; ellos y ellas son los “testigos” no de un destino, sino de una forma de caminar.

Nuestra celebración del día de hoy quiere detenerse en estos momentos para significar con la ceniza la conciencia de dónde estamos, la importancia de ver los pequeños signos del lugar al que queremos llegar y dar el primer paso.

Inicio

Celebrante

Hermanas, hermanos, estamos reunidos en el nombre de nuestro Dios, que es familia, comunidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Tomemos asiento y escuchemos con atención el mensaje de Dios para nosotros y nosotras.

Lector(a) 1

Primera lectura

Ver dónde estamos parados

La realidad nos sacude. No necesitamos clarividencia para darnos cuenta que gran parte de la humanidad nos comportamos como un virus (que se instala y destruye el entorno) depreda el medio ambiente, depreda a otros (siempre los más indefensos). Un botón de muestra, de mi recorrido por Hidalgo en este verano:

“Estoy en la comunidad de San Ambrosio, vine a visitar a unos jóvenes que están haciendo servicio comunitario. Salí de Huehuetla, la cabecera municipal, a las 4:30 am, pues hay sólo tres camiones por día y se hacen tres horas y media de ahí a San Ambrosio.

Terminando mi visita a los chavos, me encuentro en la parada del camión con una señora, va al hospital de Tulancingo, su hijo, un adolescente de 13 años, está sentado al lado, sufriendo terribles dolores en la parte derecha del abdomen. “Lo llevo al hospital porque aquí no hay centro de salud”, me dice, “pero ya ve que el camión no pasa”.

¡Cielos! El camión a Huehuetla hace tres horas y media, y de ahí son cuatro horas a Tulancingo, más de 7 horas de camino y con el dolor en “la panza”. El joven se contrae, suda frío. Apendicitis, me temo yo. Son las diez y media y el camión sigue sin pasar. “Si no pasa ahorita, el otro pasa a las 2, y si no pues hay que caminar al otro lado, a ver si pasa alguno”.

Y no pasó. Y la señora tuvo que tomar a su hijo del brazo y comenzar a caminar en el monte para tratar de alcanzar otro medio de transporte.

Me pregunto qué habrá pasado con el muchacho. Si era el apéndice, caminar no es bueno, y que el hospital esté a 7 horas, es mucho menos bueno. Siglo XXI, año 2010, y aún resuenan en mis oídos las palabras de aquella vieja canción: Niños color de mi tierra, con sus mismas cicatrices, millonarios de lombrices… ¡Qué triste vive mi gente en las casas de cartón!

Celebrante

El ambiente social que vivimos es turbio, no deja lugar a la confianza. Ni los líderes políticos ni los religiosos tienen credibilidad. Los niños y niñas ya no juegan en las calles, los padres y madres no saben cómo educar de la mejor manera, caminamos a prisa saliendo del trabajo y conectamos sistemas de alarma por todos lados. Vivimos encerrados en una burbuja de temor, desconfianza y miedo.

¿Nuestros hogares? ¿Nuestras relaciones? ¿Nuestro trabajo? Marcados por la desconfianza, la violencia, los gritos o, lo que es peor, la indiferencia.

Y mi corazón… sumergido de lleno en estas cosas, en este ambiente, aunque a mi ego le guste decir que no es así. Mi corazón, sumado a los miles de corazones a mi lado, crean un entorno donde el amor auténtico es más bien un bicho raro, una especie en peligro de extinción, algo que no he visto nunca y que es probable que no vea jamás.

Aquí es donde estamos parados. Este es el mundo que hemos creado. (Deja un momento de silencio y agrega) ¿Qué nos dice Dios a través de lo que escuchamos?

Lector(a) 2

Segunda lectura

A dónde queremos llegar

Un mundo más humano, donde todos y todas tengamos un lugar; una sociedad basada en el respeto, la promoción y la tutela de los Derechos Humanos; un mundo donde no se descalifique a otros por su orientación sexual, por su estatus económico o su etnia.

Un mundo así en su totalidad no existe. Nunca ha existido. Se trata de una “utopía” (de u-topos, aquello que no tiene un lugar) Por eso, por más que volteamos a ver el horizonte no alcanzamos a saber bien por dónde ir. Que sea utópico parece desanimar, pues en nuestra cultura lo que no se ve, simplemente no existe.

Quizá sea la pretensión de lo magnífico. Si queremos que un mundo así sea visible para todos y por todos es, tal vez, porque no aceptamos la humildad de lo pequeño; por ejemplo, si preguntamos a un joven por qué no se casa y se va a vivir “así” quizá nos diga que es porque no cree en el matrimonio, quizá porque los matrimonios que conoce no dan para más… a lo mejor quisiera ver a todos los matrimonios realizados, felices en un compromiso mutuo para siempre. No ve que sí los hay, aunque sea sólo uno que sí viva amorosamente, no podemos decir que no sea posible. No recuerdo donde leí que si es posible una sola vez, en un solo lugar, para un solo ser humano, es posible para la humanidad entera.

Por ello, en lugar de poner la mirada en mundo que no vemos, te invito a ponerla en lo que sí podemos ver, si limpiamos nuestra mirada de pesimismo. No hay noticieros para lo humano, para lo que construye, para el amor que sí se entrega sin pretensiones, sin gritos, sin propaganda.

A tu alrededor es posible descubrir esa GENTE que vive de otra manera, que no pacta, que se arriesga, aquellos que no se conforman con CREER que un mundo nuevo es posible, que no ESPERAN que ese mundo llegue, sino que SE HACEN ellos mismos ese mundo nuevo, esa humanidad humana con la que sueñan, en la que creen.

Y no se trata de Mons. Romero, ni se los misioneros y misioneras en África, ni de los héroes que brillan en los desastres naturales, todos ellos admirables pero, la verdad, poco imitables. Se trata más bien de mirar la discreta presencia de esa GENTE que hace la diferencia.

¿Quiénes son? Escuchemos y cantemos.

Salmo Responsorial

(La asamblea tiene la letra de la canción o ésta es proyectada para ser leída por todos. Se invita a la comunidad a cantar el estribillo.)

Gente, que se despierta cuando aun es de noche

y cocina cuando cae el sol.

Gente, que acompaña a gente en hospitales, parques.

Gente, que despide, que recibe a gente

en los andenes.

Gente que va de frente

que no esquiva tu mirada

y que percibe en el viento

¿Cómo será el verano?

¿Cómo será el invierno?

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada siete días para darte

un pasaje en la más bella historia de amor.

Dos, tres, horas para contemplarte

y dos de cada siete días para darte.

Me acomodo en un rincón de tu corazón.

Gente, que pide por la gente en los altares

en las romerías.

Gente, que da la vida

que infunde fe

que crece y que merece paz.

Gente, que se funde en un abrazo en el horror

que comparte el oleaje de su alma.

Gente, que no renueva la pequeña esperanza

de un día

vivir en paz.

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada siete días para darte

un pasaje en la más bella historia de amor.

Dos, tres, horas para contemplarte

y dos de cada siete días para darte.

Te acomodo en un rincón de mi corazón

Para vivir así (así)

en miradas transparentes

recibir su luz

definitivamente.

Nubes van (y van y van y van)

y van pasando

pero aquella luz

nos sigue iluminando.

Qué fresca es la sombra que ofrecen.

Qué limpia el agua dulce de sus miradas.

Es por ti que empiezo un nuevo día.

Hay Ángeles entre nosotros.

Ángeles entre nosotros.

Ángeles entre nosotros.

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada siete días para darte

un pasaje en la más bella historia de amor.

Dos, tres, horas para contemplarte

y dos de cada siete días para darte.

Me acomodo en un rincón de tu corazón.

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada siete días para darte.

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada siete días.

Dos, tres, horas para disfrutarte

y dos de cada.

Dos, tres, horas para disfrutarte.

Dos, tres, horas.

(Canción “GENTE” de los Presuntos Implicados)

Monitor (a)

Evangelio quiere decir “buena noticia” Escuchemos con atención la Buena Noticia de hoy.

Celebrante

Evangelio

El primer paso

La Buena Noticia es que esa GENTE existe, vive cerca de nosotros, quizá sea alguno de quienes están sentados aquí.

No son multitud, cierto es, pero ya lo dijo Jesús, las cosas del Reinado de Dios son de un pequeño rebaño, pero lo pequeño no quita el poder del amor que manifiestan, porque el Padre ha querido darles su Reinado precisamente a la poca levadura, a los insignificantes granos de trigo.

Para verlos es necesario limpiar nuestros ojos para asumir lo que nos corresponde, a la medida de nuestro alcance. Limpiando nuestros ojos de todo aquello que le opaca la mirada (propaganda, discriminación, imposición de una única forma de pensar…), seremos capaces de VER las huellas vivientes que esa GENTE representa en el camino a un mundo mejor.

Ahora tomaremos la ceniza, signo de que queremos limpiar nuestros ojos, ver esas huellas y caminar desde lo cotidiano de la vida, desde lo sencillo de relaciones humanas y sociales renovadas, en el cuidado del planeta que empieza por cosas sencillas en nuestro propio entorno (disminución de la basura, reforestar, no usar desechables…) viviendo una espiritualidad sin dualismos inserta en el mundo de hoy, que es donde se necesita estar.

Quienes estén dispuestos a limpiar sus ojos para quienes quieren hoy convertirse en esa GENTE, pasen al frente.

Al imponer la ceniza dirá: Conviértete en GENTE que construye un mundo nuevo.

Mientras se impone la ceniza, continúa la canción como fondo. Al terminar, se invita a la comunidad a orar.

Celebrante

Oremos ahora por nosotros, para que nos ayudemos a crecer en fidelidad al Espíritu. Padre Nuestro…

Oremos… Que esta Cuaresma sea, Dios nuestro, un momento de conversión auténtico; que seamos capaces de descubrir y ser parte de la GENTE que hoy está viviendo ya el mundo que esperamos y que tú sueñas. Esto es lo que te pedimos y esto es lo que deseamos. Amén.

Con la bendición de nuestro Dios, que se hace presente en esa GENTE, vayamos en paz.

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