María Inmaculada de Nazaret

«Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios…
Es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer…
Es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo…
Es decir que el Reino viene
caminando con la Historia…»
(Pedro Casaldáliga)

María de Nazaret ocupa un lugar único e irrepetible en la historia de la humanidad y de la redención. Redescubrir la verdadera dimensión de María es vital para la mujer cristiana, pues su imagen ha sido utilizada y explotada conforme el concepto ideal que el hombre tiene de la feminidad.

María no puede ser fruto de la imaginación. Tampoco conviene maximizar su función de madre. Su exquisita feminidad no puede quedar reducida a su maternidad virginal ni ésta ser polarizada en su sonrisa y dulzura de mujer. María significa mucho más para los creyentes. Si ella es ante todo y sobre todo, bondad, belleza, ternura, amor, compasión, paz y libertad, deberíamos bajarla del pedestal al que la hemos subido y traerla a la vida.

Hablar de “María entre nosotros”  es hablar de servicio a la humanidad. Y esto solemos olvidarlo. María es Reina de la Paz pero también es garante de la Justicia, madre del Justo, del Siervo de Yahvéh, en quien Dios se complace, de aquel que lealmente hace justicia y ha sido destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes (Is. 42,3-6). Y María fue la puerta abierta de par en par a través de la cual la Luz brilló en las tinieblas.

María, mujer singular y única no solamente por haber sido madre de Cristo sino también por su total apertura y colaboración con los planes de Dios.
María es la mujer discípula que escucha y cumple la Palabra.
Fue tal su capacidad receptiva que, en ella, La Palabra se hizo carne.

No hay cristiano (protestante, ortodoxo o católico) que no ame a María. Pero en la piedad popular hemos llegado a tantos excesos en el culto mariano, que nuestros hermanos/as nos acusan de una cierta “Mariolatría” puesto que no pocas veces hemos considerado a María como una semi-diosa. La hemos idealizado y mitificado.

Todas las edades se han formado de ella una idea. La que tenían las Madres y Padres del desierto, allá por los siglos IV y V, distaba mucho de aquella que tuvieron los medievales (la reina sobre un trono, de seria majestad, ataviada con lujosos vestidos y rica pedrería), los renacentistas o los barrocos.
El lenguaje plástico es un medio de expresión, pero siempre parcial e imperfecto. Y lo peor que ha podido ocurrirnos es el no haber sabido trascender de la imagen a la persona de María. Ella es un personaje histórico y también simbólico (no por esto menos “real”). Ambas dimensiones nos interesan.

La entendemos bien –y la amaremos más y mejor- si no la disociamos de Cristo.

Generación tras generación se pregunta: “¿Quién es María?”. Pongo algunos textos bíblicos marianos, a manera de estudio, que nos acercan a su realidad. Son pocos pero ricos en contenido, suficiente para poder conocerla. En estos textos la contemplamos como una mujer libre y dinámica, llena de creatividad y vida.

Se ha dicho que las feministas rechazan a María. Nada más lejos de esto. Lo que se rechaza es la visión miope, simplista y estereotipada que muchas veces nos han transmitido. No es modelo para la mujer tanto por su maternidad cuanto por su calidad de discípula de Cristo. Es esta faceta la que las feministas desean recuperar y destacar.

No todas las mujeres cristianas son vírgenes. No todas las cristianas son madres. Y, desde luego, ninguna mujer es virgen-madre. Pero si muchas mujeres (y hombres) desean poner su mirada en esta mujer plena de fe, esperanza y amor.

Algunas teólogas feministas ven a María como:

– la mujer que representa la dimensión femenina del Dios de la Biblia (Elisabeth Schussler Forenza)

– el símbolo del rostro femenino de la Iglesia, la humanidad liberada (Rosemary Radford Ruether)

– la figura bíblica de la Sabiduría (Joan Chamberlain Engelsman)

  1. “María en los Evangelios”

a. Lee y medita estos textos en los que aparece María. ¿Te atreverías a emitir un juicio sobre la imagen que de ella proyectan los Evangelios?

Marcos

  • Los parientes de Jesús le buscan. Verdadero parentesco (3,31-35)
  • Visita de Jesús a Nazaret (6,1-6ª)

Mateo

  • Genealogía de Jesús (1,1-17)
  • Concepción de Jesús (1,18-25)
  • Adoración de los Magos (2,1-12)
  • Huida a Egipto (2,13-17)
  • Vuelta de Egipto y residencia en Nazaret (2,19-23)
  • El verdadero parentesco de Jesús (12,46-50)
  • Visita de Jesús a Nazaret (13,33-58)

Lucas

  • la anunciación y la concepción de Jesús (1,26-38)
  • la visita de María a su pariente Isabel (1,39-45)
  • María en el canto del Magnificat (1,46-55)
  • María regresa a Nazaret (1,56) y, meses después, da a luz a su hijo Jesús en Belén (2,1-20)
  • Presentación de Jesús en el Templo y saludo y profecía de Simeón (2,22-35). Profecía de Ana (2,36-38)
  • Encuentra a Jesús adolescente en el Templo (2,41-50)
  • María en la vida oculta de Jesús de Nazaret (4,16-24)
  • El verdadero parentesco de Jesús (19,25-27)

Juan

  • Bodas de Caná (2,1-12)
  • A los pies de la cruz (19,25-27)

En todos estos textos podemos contemplar a María como discípula peregrina en la fe. En Hechos 12,14, después de la resurrección de Jesús, la encontramos también en compañía de la comunidad cristiana, en espera del Espíritu Santo prometido por Jesús.

Tras el anuncio del ángel, María da su consentimiento libremente y de manera activa. La contemplamos gozando de plena autonomía a la hora de tomar decisiones. Es una mujer totalmente receptiva, que se abre al germen del Espíritu. El misterio de la salvación pendió de su fiat (diríase que entre Dios y esta mujer se daba una mutua dependencia). Dios hizo su entrada al mundo de manera “respetuosa”, “pidiendo permiso” a la joven Miriam de Judá.

b. ¿Cuáles serían hoy las anunciaciones del ángel del Señor a María? ¿Cuáles serían las anunciaciones que quisiéramos escuchar nosotras mujeres?

¡¡¡¡¡FELICIDADES  MEMIs POR SUS 63 AÑOS DE FUNDACIÓN!!!!!!!!.

Que como María Inmaculada de Guadalupe, madre, hermana, amiga y compañera, seamos mujeres de hondura contemplativa. Sí, contemplativas del mundo que nos rodea. Abiertas a una contemplación que nos posibilite el entrar en comunión con la mirada del hijo de sus entrañas: ¡Jesús!.

SER CONTEMPLATIVAS  COMO MARÍA ES:

– Ser mujeres de silencio interior pero también voceras proféticas, como ella lo fue con su canto del Magnificat, anunciadoras de la justicia y de la paz.

– Es tener capacidad de amorosa escucha para llegar al corazón de las personas y de las cosas, para dar sentido interior a todos los acontecimientos de la vida y aprender a buscar el rostro de Dios en cada rostro (sobre todo en el rostro de los y las pobres).

– Es ser sensibles y solidarias con las cruces y necesidades de tantos hermanos y hermanas desheredados de esta tierra.

– Es hacer de nuestras vidas un don al servicio de los demás, comprometiéndonos de modo especial con la causa de la mujer.

Que María Inmaculada sea con nosotras la Esperanza, para que como ella continuemos la acción liberadora de Dios en el mundo. AMEN

Margarita de J. Macías

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